Las Catedrales de La Armuña (Salamanca): auténticas joyas escondidas 

La Armuña es una región dominada por campos de cereales que se extiende por el norte y el este de la capital salmantina. Un territorio donde la vista se pierde en el horizonte, quedando solamente interrumpido por las siluetas de sus maravillosas iglesias.

En cada uno de los pueblos de esta comarca se esconde una pequeña catedral cuyo campanil puede divisarse desde la distancia. Desde Aldeanueva de Figueroa hasta Villaverde de Guareña, más de 30 posibles citas nos esperan para sorprendernos con su impresionante fábrica de arquitecturas, con su delicada imaginería, con sus increíbles retablos o con las delicadas pinturas que cubren sus muros. Y entre todas ellas destacan tres, conocidas como las Catedrales de La Armuña, tanto por su impresionante belleza y valor histórico como por los espectaculares tesoros artísticos que albergan en su interior.

Estas tres Catedrales de La Armuña constituyen el mejor umbral de entrada de una comarca de caminos sencillos de llevar y cuyo lejano horizonte se interrumpe con las iglesias en cuyo entorno se agrupan diferentes caseríos. Unas más orgullosas y otras más modestas, todas esconden algún tesoro digno de ser descubierto, empezando por los de Aldearrubia, Castellanos de Moriscos, Forfoleda y Torresmenudas, distinguidos en su día, también, con la máxima distinción de protección otorgada por la Junta de Castilla y León para sus bienes patrimoniales, y acabando con cualquier otro con en el que nos podamos encontrar.

Estas tres Catedrales de La Armuña constituyen el mejor umbral de entrada de una comarca de caminos sencillos de llevar y cuyo lejano horizonte se interrumpe con las iglesias en cuyo entorno se agrupan diferentes caseríos. Unas más orgullosas y otras más modestas, todas esconden algún tesoro digno de ser descubierto, empezando por los de Aldearrubia, Castellanos de Moriscos, Forfoleda y Torresmenudas, distinguidos en su día, también, con la máxima distinción de protección otorgada por la Junta de Castilla y León para sus bienes patrimoniales, y acabando con cualquier otro con en el que nos podamos encontrar.

San Silvestre (Villares de la Reina)

La primera catedral se encuentra muy cerca de la capital, en la preciosa localidad de Villares de la Reina. Se accede al interior desde una magnífica portada, que merece la pena unos minutos de deleite. Su planta tiene forma de cruz latina y destaca por los espectaculares retablos que visten el altar mayor, los muros de la nave central y los brazos del crucero, obra de Juan Hernández y Fernando Gallego. Mientras que las esculturas son obra de Bernardo Pérez de Robles ‘el Indiano’.

Sus paredes, marcados por las estaciones del Vía Crucis, empiezan y terminan un itinerario que acaba en la portada protobarroca de principios del siglo XVII, presidida por la talla de San Silvestre, santo titular y patrono de la localidad.

Con una perfecta adaptación del marco, el templo queda articulado en un único cuerpo de tres calles, diferenciadas por un ático en el que se muestra el hermoso Calvario flanqueado por los santos arcángeles Miguel y Gabriel, y por pares de columnas salomónicas. Sobre él, encontramos una impresionante bóveda de medio cañón donde se contempla la Gloria, pintada por Domingo Nieto a finales del siglo XVII, distribuida en círculos con ángeles músicos, querubines y santos que rodean a las tres figuras de la Santísima Trinidad y a la de la Virgen Mediadora.

Villaverde de Guareña

Un templo de marcado carácter renacentista, pues fue construido en el siglo XVI. Declarado Bien de Interés Cultural en 1993, destaca por su maravillosa portada, con recuerdos del gran Rodrigo Gil de Hontañón. Cuenta con una sola nave y se encuentra adornada con un impresionante retablo organizados en seis calles. La arquitectura de su nave permite la visión limpia de su cabecera rectangular, donde se levanta un precioso retablo de la segunda mitad del siglo XVIII en el que podemos ver numerosas imágenes y pinturas. Ensamblado por González Ramiro en las primeras décadas del XVI.

Vale la pena dedicar unos minutos a deleitarse con la bellísima imagen gótica del Cristo de Sordos, por el que los habitantes de la zona sienten una gran devoción.

La Santa Cruz (Palencia de Negrilla)

Con cubierta de estilo mudéjar y otros elementos propios del románico, este bellísimo templo alcanzó su máximo esplendor en el siglo XVI. Es precisamente en esta fecha cuando se creó el fabuloso retablo de la Exaltación de la Cruz. Pinturas sobre tabla y maravillosas esculturas que crean una imagen muy armoniosa, siendo considerado como uno de los más hermosos de toda la provincia de Salamanca. Contiene 16 tablas pintadas con escenas del Evangelio y de la Invención de la Cruz, otras 12 de menor tamaño con figuras de santos y Padres de la Iglesia, 11 esculturas de bulto redondo doradas y estofadas, un Calvario en el ático y dos en la calle central más los que adornan el banco.

Pero también pueden admirarse otros tres retablos, el mayor y otros dos ubicados a ambos lados del arco triunfal que llaman la atención. Muy cerca se sitúa el magnífico Cristo de la Piedad del siglo XIII, de gran devoción en la región. Debajo de la cubierta mudéjar, se encuentra el retablo principal, realizado por Juan de Montejo y Antonio González a mediados del siglo XVI.

En el siglo XVII se llevaron a cabo algunas labores de restauración que dejaron en el templo algunos elementos de estilo rococó, como aletones en el ático, tabernáculo de cristales y guardapolvos en los laterales.

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