La Plaza Mayor de Salamanca: el emblema de la ciudad

Si hay un monumento en Salamanca que se haya convertido en el verdadero emblema de la ciudad, esta es sin duda la Plaza Mayor. Una auténtica joya del estilo barroco que a lo largo de los siglos ha sido testigo de los acontecimientos más importantes de la villa tormesina y que es se ha convertido en el centro neurálgico de la misma, punto de reunión de todos los salmantinos. Por todos estos motivos, pasear por ella ya supone todo un placer.

El lugar donde se ubica fue en el pasado una campa en la que se comerciaban todo tipo de productos y en la que se realizaban todas las funciones propias de una plaza. Lo más curioso es que la plaza que había anteriormente, la de San Martín, era cuatro veces más grande pues no solamente abarcaba el espacio de la plaza actual, sino que además comprendía la plaza del mercado, la del Corrillo y la del Poeta Iglesias. Siendo considerada como la Plaza más grande de la Cristiandad.

Plaza Mayor de Salamanca

La idea de construir una nueva plaza se le debe al corregidor andaluz Rodrigo Caballero que consiguió convencer al Ayuntamiento de que Salamanca necesitaba una plaza más armónica y acorde a los estilos de la época. De esta forma, en el año 1724 la Plaza Mayor quedaba separada de la plaza original y comienzan las obras, trasladándose a ella el Ayuntamiento, lo que le confiere el rango de Plaza Mayor.

Recibe el encargo el arquitecto Alberto Churriguera, hermano de José y de Joaquín Churriguera, auténticos maestros del barroco. Tanto es así que la influencia de ambos hermanos daría lugar a un estilo con personalidad propia, el churriguerismo. Un arte que se caracteriza por la profusión de adornos y decoración. No en vano fue declarada Monumento Nacional en 1935 por ser la Plaza Mayor más decorada, proporcionada y armónica de las de su época.

No obstante, al morir Churriguera sería Andrés García de Quiñones (1755) quien toma el relevo del proyecto. Siendo obra suya dos de las fachadas y el Ayuntamiento. Para el Ayuntamiento, se siguió un modelo de fachada retablo que consigue focalizar la atención del espectador y erigirse como centro de la construcción sin romper la armonía de la plaza. Pero además, en el proyecto inicial de Churriguera figuraban dos torre sobre las alas laterales que García de Quiñones no se atrevió a construir por temor a que la estructura no resistiera el peso.

Las obras no terminarían hasta el año 1753. Lo cierto es que el proyecto se alargó un poco por los problemas relacionados con los propietarios de los solares a los que hubo que expropiar para llevar a cabo su construcción, lo que obligó a paralizar las obras durante varios años.

Aunque guarda ciertas similitudes con la Plaza Mayor de Madrid, la de Salamanca es un modelo claramente mejorado. En primer lugar, por los materiales utilizados, piedra de Villamayor de color dorado de fácil labranza que puede encontrase en gran parte de los edificios de la ciudad y que le han dado a Salamanca el sobrenombre de «La Ciudad Dorada». Contemplar la Plaza Mayor por la noche con las paredes iluminadas en una experiencia única. Y en segundo lugar, por sus proporciones, mucho más armoniosas. Lo cual tiene mucho más mérito si pensamos que no se trata de una plaza de planta totalmente rectangular y que sus fachadas no miden lo mismo. El proyecto fue llevado a cabo de esta forma por respeto a la Iglesia de San Martín que se encuentra en uno de sus laterales. Como dijo Miguel de Unamuno“Es un cuadrilátero. Irregular, pero asombrosamente armónico”. Sin duda, una de las definiciones más bellas que de esta plaza se han hecho.

La Plaza Mayor cuenta con 88 arcos de medio punto, llamados de esta forma por su forma semicircular. Los más utilizados en el estilo románico. En sus albanegas se encuentran labrados los famosos medallones, que representan a personajes que, de una forma u otra, han estado unidos a la historia de la ciudad: Felipe V, Isabel de Farnesio, Francisco de Vitoria, Fernando III, Alfonso XI, Pedro I El Cruel, Miguel de Unamuno, Enrique II, Juan I, Enrique III, Juan II, los Reyes Católicos, Miguel de Cervantes Saavedra, Enrique IV, Santa Teresa de Ávila, San Juan de Sahún, Antonio de Lebrija, Fray Luis de León o el Duque de Wellington.

Y con cuatro fachadas de tres pisos de altura sobre un pórtico adintelado, se levanta majestuosa la Plaza Mayor de Salamanca. El juego de luces y sombras, los frontones partidos, las volutas y su abundante decoración suponen la máxima expresión del barroco.

Desde el mismo momento en que fue construida, la Plaza Mayor de Salamanca se convirtió en el corazón de la ciudad. A lo largo de los siglos, sus soportales han actuado de mercado, se han celebrado fiestas, representado comedias, organizado corridas de toros, llevado a cabo ajusticiamientos y un largo etcétera que llega hasta nuestros días. Testigo privilegiado de ilustres personajes, desde Jefes de Estado al Papa Juan Pablo II, pasando por cantantes, políticos, poetas, escritores y Premios Nobel. No en vano, Salamanca ha sido cuna de insignes maestros.

Pero además, desde mediados del siglo XX la Plaza Mayor de Salamanca ha sido punto de reunión de los estudiantes universitarios y de los miles de turistas que cada año llegan a la ciudad y que aprovechan para tomar algo en sus cafés y restaurantes mientras disfrutan de la magnífica arquitectura de este monumento. Así pues, se trata de uno de los lugares más animados y transitados de la ciudad.

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