El Castillo de Béjar: un auténtico emblema de poder

El Castillo de Béjar es el monumentos más emblemático de la localidad del mismo nombre, conocido también como el Castillo de los Duques de Béjar. Con un pasado estrechamente ligado a la Calzada de la Plata, fue construido a finales del siglo XVI sobre los restos de una antigua alcazaba árabe por orden de los señores de Zúñiga. Aunque a lo largo de los siglos ha sufrido diversas alteraciones en base a los diferentes usos que ha ido teniendo. Eso sí, en ningún momento perdió su sobriedad y elegancia palaciega.

Un palacio como emblema de poder entre la compleja situación geográfica del sur de la provincia salmantina, en territorios a medio camino entre Salamanca, Cáceres y Ávila, que se mantuvo en un pulso constante a lo largo de la Historia, donde los poderes religiosos, civil y señorial dejaron sentir su eco en el espacio vasto del casco antiguo de la villa.

Castillo de Béjar

Origen e historia del Castillo de Béjar

En sus comienzos, en el siglo XIII, fue un castillo cristiano formado por dos recintos rectangulares, uno dentro del otro, con majestuosos torres cilíndricas que refuerzan los ángulos y un recinto irregular más hacia fuera como antemuro con torreones prismáticos de refuerzo.

Cuando el edificio era sólo castillo medieval, formó parte del rosario de poblaciones acastilladas que se establecieron para reforzar la Extramdura castellana a finales del siglo XII y, de esta forma, asegurar la frontera sur del reino frente a los musulmanes. No debemos olvidar que Béjar se encontraba en un punto estratégico por el paso cercano de la Vía de la Plata, que también sería usada como camino de peregrinaje hacia Santiago de Compostela.

Así pues, el asnetamiento, posicionado en una colina estrecha y alargada, fue fortificado por medio de la construcción de dos cercos defensivos que tenían la alcazaba como punto de encuentro, alzada en una explanada que, en sus comienzos, funcionaba como plaza de armas.

Una vez que empezó a disminuir el peligro musulmán después de haber pasado la ciudad a manos cristianas gracias a la ingeniosa batalla protagonizada por los hombres de musgo, el castillo perdió su función de fortaleza defensiva y fue ganando peso como base para la dominación. Después de numerosas disputas, trueques y permutas, pasaría a ser propiedad de Diego López de Stuliga a finales del siglo XIV. El primero de la familia de los Zuñiga que un siglo más tarde lograría el título de duque de Béjar.

A lo largo de estos años, el castillo experimentaría diversas obras en la fachada y en las zonas verdes del recinto, pero no sería hasta la segunda mitad del siglo XVI cuando adopta finalmente su forma palaciega.

Sin embargo, su importancia no pasaría desapercibida para los franceses durante la Guerra de la Independencia, produciéndose un gran incendio en el mismo, marcando la decadencia para esta insigne edificación que a finales del siglo XVII había pasado a ser propiedad de los duques de Osuna y que a mediados del siglo XIX pasaría a ser propiedad del Ayuntamiento de Béjar.

Desde entonces, lo que había empezado siendo una fortaleza defensiva y convirtiéndose en un elemento señorial de distinción y poder, albergaría diverosos usos. Habiendo sido Casa Consitorial, cuartel de infantería, viviendas para familias humildes y centro educativo a partir de 1963. Actualmente alberga el instituto de enseñanza secundaria Ramón Olleros.  Compaginando la actividad educativa con la de Casa de la Cultura, Museo Municipal y eventual sede del Ayuntamiento. Pero además, también se ha convertido en una joya a promocionar para el turismo, quedando encuadrado dentro de la categoría de Monumento como Bien de Interés Cultural.

Características arquitectónicas del Castillo de Béjar

El Castillo de Béjar se encuentra edificado sobre una antigua alcazaba musulmana de la que todavía se conervan dos torres. Cuenta con un patio renacentista con una preciosa fuente llamada venera, de planta irregular y rodeado de arqueróas en sus dos pisos.  En sus enjutas todavía pueden verse los escudos con las letras F y G (Francisco y Guíomar), que fueron los que lo reconstruyeron.

En la fachada exterior, que da a la Plaza Mayor, destacan los torreones cilíndricos y las torres. En uno de los torreones se ha instalado recientemente una Cámara oscura que le aportar un interés añadido a la visita. El conjunto se completa con una escalera noble, dotada también de arquería. En la fachada sur encontramos además un bonito jardín y una zona hortícola junto a la norte.

Básicamente, la planta del edificio consiste en un doble recinto de planta rectangular con cubos que refuerzan los ángulos y defendido por una primera barrera irregular, hoy desaparecida, a modo de antemuro, que poseía un foso y otros elementos de los que no se han conservado vestigios. El aspecto exterior que mostraba en su época sería bastante parecido al de castillo de Ávila como el de Mombeltrán o el del Barco de Ávila, o la desaparecida alcazaba de Plasencia, ya en la comunidad de Extramadura.

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