Castillo de Monleón: símbolo del poder feudal

Coronando un promontorio y rodeado por dos ríos que servían de foso natural, el castillo de Monleón se encuentra en la población del mismo nombre, en la provincia de Salamanca. A sólo 50 km de Hotel Regio y a escasa distancia de la frontera con Portugal. Testigo mudo de la historia e impresionante baluarte defensivo que hay llegado hasta la actualidad mirando al cielo.

castillo de Monleón

Historia del castillo de Monleón

La localidad de Monleón fue fundada sobre un teso aislado en campo abierto, cerca del río Alagón y al final de la sierra de Linares. Aunque no se conocen bien sus orígenes, parecen ser muy antiguos, tal como evidencia la escultura del toro que se sitúa junto a la puerta de la villa. La construcción que podemos ver hoy fue construida en el siglo XV sobre una fortaleza anterior que se encontraba en pie ya a finales del siglo XII, cuando Alfonso XI la donó a doña Berenguela. Durante esta época formaba parte del recinto amurallado que rodeaba a la villa, parte del cual todavía se conserva.

Posteriormente, a mediados del siglo XV, pasaría a manos de Pedro de Hontiveros, cuando le fue entregado por el rey Enrique IV. Siéndole arrebatado poco después por por D. Rodrigo Maldonado. El rey Fernando el Católico en persona hubo de arrebatarselo, haciendole prisionero en Salamanca por ser acusado de acuñar moneda falsa. La gota que colmó el vaso después de numerosas quejas y denuncias de los vecinos por robo y tiranía. No tardaría mucho en ser liberado a cambio de entregar la fortaleza.

Además, se sabe que en el año 1475 el castillo de Monleón sufrió un asedio portugués que se prolongó durante dos años hasta que el Rey Católico finalmente decidió firmar la rendición. Así pues, sus muros han sido testigos de numerosas acciones bélicas. También durante la Guerra de Sucesión originada a raíz de la proclamación de Isabel como reina de Castilla.

Durante varios siglos la fortaleza de Monleón aguantó las viscisitudes y disputas señoriales con los terratenientes de la capital charra. Pero la invasión francesa fue la que causó daños más graves que fueron acentuándose en pleno siglo XX, pasando por varias manos hasta que fue salvada prácticamente del derrumbe gracias a las intensas labores de restauración tal y como señala Antonio García Boiza en 1937 en su ‘Inventario de los castillos, murallas, puentes, monasterios, ermitas, lugares pintorescos o de recuerdo histórico, así como de la riqueza mobiliaria, artística o histórica de las corporaciones o de los particulares de que se pueda tener noticia en la provincia de Salamanca’.

El castillo de Monleón

El castillo de Monleón se encuentra abrazado por el río Alagón y por el arroyo de Riofrío. Con su gran torre del homenaje se asemeja a la proa de una embarcación que domina todo el entorno. La población parece surcar unas aguas tranquilas en busca de las ansiadas sierras. De la fortaleza arrancan los vestigios de la muralla. Entre los edificios tovaía pueden verse algunos arcos que desafían el tiempo.

Cuenta con una impresionante y esbelta torre de granito que alcanza una altura de 37 metros que intenta competir en altura con el campanario de la iglesia parroquial, en un pueblo que destaca por el encanto de su arquitectura tradicional. Muy similar a la del castillo de Mota que se ubica en la localidad de Medina del Campo. Quedando rematada con garitas voladas redondas, muy habituales en la arquitectura del siglo XV. La torre cuenta con cinco pisos, de los cuales dos poseen forjado de madera. Desde su punto más alto es posible admirar la belleza del paisaje que la rodea. Recientemente, la torre del homenaje ha sido restaurada y se han reconstruido algunas de las dependencias anexas.

En el interior encontramos una gran estancia coronada por una gran bóveda de cañón sobre impostas de nacela. Y debajo de la misma podemos ver un grabado sobre la argamasa, una ancha cenefa de adornos que data del siglo XVI. La escalaera empieza desde muy arriba. En la parte superior hay otra estancia similar también con bóveda, y más arriba, dos pisos que conservan los suelos de madera originales. Además, cerca de la torre podemos ver los restos de algunas habitaciones y de una primera puerta con arco redondo, todo construido en el siglo XV.

Todo el conjunto ofrece una visión bastante fiel de la presencia que esta fortaleza palaciega tuvo en la época. Lo que debemos en gran medida a su actual propietario que la usa como vivienda particular. Por esta razón, solamente es posible visitar el exterior, aunque lo cierto es que merece la pena.

Además, puedes aprovechar la visita para hacer una excursión a la «olla de la sopa», un bellísimo conjunto de cascadas que el río Alagón ha ido creando a su paso por la localidad.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario